Reformas Borbonicas
Las reformas borbónicas en la Nueva España fueron la serie de cambios administrativos aplicados por los monarcas españoles de la casa de Borbón a partir del siglo XVIII en el Virreinato de Nueva España. Estas reformas buscaban remodelar tanto la situación interna de la península como sus relaciones con las colonias. Ambos propósitos respondían a una nueva concepción del Estado, que consideraba como principal tarea reabsorber todos los atributos del poder que había delegado en grupos y corporaciones y asumir directamente la conducción política, administrativa y económica del reino.
Invasión Napoleónica
La situación social y económica del país era muy grave. El hambre y las epidemias provocaron una gran mortandad. El comercio se había colapsado, el bloqueo impuesto por Napoleón contra Reino Unido agravó la situación.
La bancarrota del Estado provocado por el endeudamiento creciente subía hasta diez veces la cantidad de ingresos.
Cuando Napoleón se fue del país parecía asegurada la victoria. Días después Zaragoza se rendía.
Durante la guerra Cádiz fue la única ciudad que pudo resistir gracias a su aislamiento y la ayuda recibida por parte de Inglaterra.
En los pueblos la voluntad de resistencia permanecía, se inicio entonces una guerra de desgaste, caracterizada por la imposibilidad del ejercito francés de controlar la totalidad del territorio.
Las guerrillas aparecieron como unidades de paisanos armados con el objetivo de mantener en constante amenaza a los franceses, a estas unidades se le sumaron delincuentes y soldados. Tenían una peculiar táctica, nunca atacaban al frente, siempre atacaban rápidamente tendiendo emboscadas a fuerzas reducidas del enemigo. Tenían el apoyo de la población civil que les suministraba víveres información y escondites. Sus objetivos clave eran las líneas de comunicación, la retaguardia, los abastecimientos y los convoyes de armas.
Las Cortes de Cádiz y la constitución de 1812
La composición de las cortes fue variando con el tiempo. La mayoría procedía de las capas medias urbanas, eclesiásticos y aristocracia.
En general abundaban los partidarios de las reformas. El liberalismo fue muy minoritario hasta que la guerra brindó la oportunidad a quienes lo defendían de poderlo propagar.
En la sesión inaugural los diputados proclamaron que representaban la soberanía nacional. Formularon los derechos del individuo, afirmaron que la soberanía reside fundamentalmente en la nación, establecieron la división de poderes y declararon al Estado como una monarquía moderna hereditaria.
La constitución reconocía la confesionalidad del Estado y la exclusividad de la religión católica. Se estableció un ejercito permanente bajo la autoridad de las Cortes y una milicia nacional.
Respecto a la administración del Estado el país se dividió en provincias y se establece la elección popular de los alcaldes.
Establecieron la libertad de imprenta y eliminaron la Inquisición.
También pusieron en marcha la desamortización de bienes y baldíos. Pero la mayor parte de estos cambios fueron anulados al volver al poder el absolutismo.
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